El Esparto y la Literatura

Apuntes sobre el Esparto en la Literatura Española

 Consuelo Jiménez de Cisneros

 

«Recuerdo que una mañana desperté con la terrible obsesión de haber encontrado un ataúd negro de gran tamaño debajo de mi cama. Grité y acudió mi padre, que estaba de consulta en la habitación inmediata con unas gentes del campo. Dije lo que veía y mi padre se rió de mi miedo; pero pensó que las gentes del campo, de suyo suspicaces, podían creer que el médico ocultaba un cadáver y, con buen acuerdo, les llamó, porque los vio algo sorprendidos. Miraron todos bajo el lecho y solo vieron una cestita de espartocon varios objetos, convencidos de que no había tal ataúd y que sin duda yo soñaba»

 

(Húercal – Overa Hace Setenta Años: Memorias de un Niño y Comentarios de un Viejo, de Daniel Jiménez de Cisneros. Reeditado por Consuelo Jiménez de Cisneros. Alicante / ECU / 2004) 

Cuando empecé mi tarea de indagación sobre la presencia del esparto en las letras castellanas, apenas tenía unas cuantas referencias aisladas. Para mi sorpresa, las referencias aumentaban en cada búsqueda. Y la conclusión es que el esparto aparece en obras literarias muy variadas, líricas, narrativas y de ensayo, desde la literatura clásica hasta la actual. Y está citado generalmente de dos maneras: la primera, referencial, sea formando parte de un paisaje natural, sea como material básico de mobiliarios y utensilios diversos; la segunda, retórica, como imagen metafórica o simbólica. Veremos unos cuantos ejemplos de todo ello.  

 

Cuestión previa sería señalar que la utilización de la palabra esparto (Stipa tenacissima en terminología científica) parece de todo punto natural y espontánea, ya que con este material se fabrican muchos objetos de uso cotidiano. Esparto proviene del griego antiguo y significa cuerda. Y a partir de cuerdas de esparto se pueden elaborar infinidad de objetos, útiles y decorativos: alpargatas, alforjas, soplillos, esteras, cestas y capazos, cinchos de quesos… 

El Esparto en las Letras Clásicas desde la Antiguedad al Siglo de Oro

El ejemplo más antiguo que se conoce del esparto mencionado en las letras, es el que se refiere a su uso para recubrir botellas a fin de mantener la temperatura del líquido que contienen. El escritor latino Catón ya citaba las anphora spartea, que eran ánforas y botellas recubiertas de esparto y, según algunos, también podrían ser ánforas tejidas de esparto.  

 

En el año 29 a.C., Estrabón escribe lo siguiente refiriéndose a las tierras del interior de España: «Unas producen esparto y otras son buenas». Vemos así que las que producen esparto son las que no pueden producir otra cosa, a lo que se añade que el esparto apenas precisa la mano del hombre para desarrollarse por ser un planta de secano, espontánea, que no requiere de cuidados de cultivo.

 

Otro ejemplo histórico: cuerdas, cinturones y serones (cestos) de esparto se citan en las Crónicas de Indias. En una de ellas leemos lo siguiente: «Queriendo un marinero aprovecharse de un serón de esparto que allí estaba debajo de un colchón en que yo iba echado, le dijo un criado mío: no toméis el serón, que ya veis que el capitán está muriéndose, y muerto, no hay otro en que envolverlo y echarlo al mar». Esta cita nos permite ver la utilidad de un serón de esparto como mortaja. 

 

Nuestro escritor clásico por excelencia, Miguel de Cervantes, usa el esparto como término de comparación: «Al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca como un esparto…» Estas palabras pertenecen al prólogo de la primera parte del Quijote, con lo cual podemos afirmar que el esparto aparece mencionado en las primeras páginas de la obra literaria más famosa de todos los tiempos y lugares. 

A esto podemos añadir una coincidencia: que el esparto da nombre a la calle donde se publicó la primera edición, la llamada «Edición Príncipe», de la primera y de la segunda parte del Quijote, con diez años de diferencia (1605-1615). Se trata de la imprenta de Juan de la Cuesta, cuyo solar se ha conservado señalado con una placa en la calle Atocha. Atocha significa lo mismo que esparto, según el diccionario de la Real Academia Española. El vocablo atocha, que se refiere a la planta, es de origen prerromano; conservado por los hispanorromanos, pasó al árabe y luego al castellano con los mozárabes, que eran fabricantes y usuarios del esparto.  

 

Y atocha, nombre común referido a una planta, se ha convertido en nombre propio de diversos enclaves de un barrio de Madrid donde encontramos la calle Atocha y las estaciones de tren y de metro de Atocha, e incluso existe una advocación de la Virgen María que es Nuestra Señora de Atocha. En el actual barrio de Atocha se ubicaba antaño una puerta por la que entraban a la ciudad carros llenos de esparto con los que realizaban los artesanos madrileños los canastos, cestas, cuerdas y papel de esparto, por lo que a la puerta se la denomina de Atocha. Alrededor de la estación Atocha, que se inauguró el 9 de febrero de 1891, los grabados de la época indican que existían numerosos campos donde se recolectaba el esparto. Aún pueden verse pequeños restos de esos campos entre las actuales edificaciones.

El poeta, novelista y ensayista Francisco de Quevedo tiene una referencia al esparto en su popular poema, falsamente autobiográfico, que comienza con los versos: «Yo que soy un poetilla / hijo de todos los diablos», lo cual no deja de ser una licencia poética, pues Quevedo nació en el seno de una familia hidalga. Sin embargo, se declara «humildemente nacido / entre hongos y entre esparto» donde vemos que el esparto aparece como un símbolo de la pretendida humildad de su linaje. Dos elementos: hongos y esparto, de sencillez franciscana: los franciscanos usaban el esparto como complemento de sus hábitos para cinturones y sandalias, y precisamente Quevedo quiso ser enterrado con hábito franciscano. 

 

El Esparto en las Letras de los Siglos XIX y XX

Damos un salto al siglo XIX y nos encontramos con ensayos sobre el esparto. El más divulgado el de Eduardo Pardo y Moreno: Apuntes sobre el Esparto, que apareció en 1865 y se ha reeditado en numerosas ocasiones hasta el siglo XXI (en 2010). Su pervivencia da fe de que el interés por este material natural no ha disminuido. Más recientemente, un artículo de Donato Gómez Díaz titulado Las Dificultades del Desarrollo : La cuestión del esparto en Almería durante el siglo XIX remarca la importancia del esparto en la vida de los almerienses a lo largo del siglo XIX, lo cual se podría extrapolar a otras provincias del entorno (Granada, Murcia, Alicante). Tanto la clase popular como los propietarios y comerciantes se nutrían de ese producto esencial como lo era el esparto. Las «tierras de espartizal» como las llama el autor, tenían una importancia económica. 

 

En los siglos XIX y XX el esparto fue materia prima para la fabricación del papel. Y por supuesto, para la fabricación del calzado conocido como espardeñas precisamente por la procedencia del material. En muchos textos encontramos léxico relacionado con el esparto y sus usos. Destaco un texto autobiográfico de Daniel Jiménez de Cisneros donde leemos que se encontró con el antiguo criado de una casa rica al que habían echado por viejo, que andaba: cubierto de andrajos, con unas espardeñas hechas trizas y con rostro escuálido, le preguntó a quién servía y qué le daban por su servicio. Aprovecha el autor para criticar la injusticia de esa situación. 

 En el género de la narrativa, el novelista más fecundo del realismo decimonónico, Benito Pérez Galdós, hace en alguna ocasión referencias al esparto. Hemos escogido este breve diálogo que aparece en Fortunata y Jacinta. Durante el viaje de novios de Juanito con Jacinta, pasando en tren cerca de Valencia, el matrimonio comenta: 

 

« – Y el esparto, ¿dónde está? 

-Hasta eso no llega mi sabiduría. Por ahí debe de andar. »

 

Entrando en el siglo XX, la obra del prosista alicantino Gabriel Miró está repleta de alusiones al esparto, y ello se debe a que su narrativa se inscribe en un contexto mediterráneo donde el esparto es muy relevante, sobre todo en la vida rural cotidiana. Veamos algunos ejemplos.  

 

En La Mujer de Ojeda (1901) se menciona «el copo denso de esparto» del que se hace filet, describiendo así la técnica de hilado del esparto. En su libro Del Vivir (1904) cuenta cómo, entre las ocupaciones habituales de las mujeres, estaba la manipulación del esparto: «A las puertas de las casas, mujeres tejían medias; trenzaban pleita de palma o soga de esparto, peinaban a rapazas greñudas, sentaditas en la tierra…» En Las Cerezas del Cementerio (1910) leemos: «Ellos le dieron de su sopada, sentándole en una limpia piedra que tenían para majar el esparto de sus hondas y de sus rudas sandalias», donde vemos el uso tan extendido del esparto para fabricar las sandalias (especialmente la suela).  

 En El mundo Sonoro de Gabriel Miró, la tesis del poeta valenciano Antonio Porpetta, se mencionan unos anteojos de esparto, expresión encontrada en La Novela de mi Amigo (1908), refiriéndose a lo que se pone junto a los ojos a los burros y a otros animales de carga: «Sus ojos tan dóciles, con esos anteojos de esparto, parecen monstruosamente hinchados».  

 En El libro de Sigüenza (1917) se mencionan las sillas de esparto, donde este material sirve para trenzar los asientos. Esta misma mención a las sillas de esparto se encuentra también en José Martínez Ruiz Azorín, un autor que se centra en el esparto como material característico del mobiliario: sillas, esteras, etc.: «El esparto en las casas monoveras;  en las de la ciudad y en las del campo». Así lo evoca en Superrealismo (1929), recordando las casas de su pueblo, Monóvar.

 

En su precioso libro La Ruta de Don Quijote (1905), cuando describe el interior de las casas manchegas, Azorín no se olvida del esparto: «Pueblos de Toledo, botica de los académicos de Argamasilla de Alba, … casas de paredes blanqueadas, esteras de esparto…» Y en su libro Pueblo (novela de los que trabajan y sufren) (1930), Azorín escribe: «... La luz de la luna va girando lenta, dulce, acariciadora, en torno de la silla pobre de pino y esparto».

 De los prosistas pasamos a los poetas. Nos detendremos en dos de los más relevantes de la primera mitad del siglo XX: Federico García Lorca y Miguel Hernández. 

 En su poesía, García Lorca usa el esparto en una especie de juego poético donde lo que interesa es la musicalidad de la rima, en el marco de una declaración sentimental con tintes de copla popular:  

 

« Del olivo / me retiro

del esparto / yo me aparto,

del sarmiento / me arrepiento

de haberte querido tanto. »

 

El poeta utilitza uns referents vegetals característics de la seua terra, de l’àrea mediterrània: l’olivera, l’espart i la vinya (representada ací pel sarment). És significatiu que incorpore l’espart en aquesta mena de trilogia lírica. És una manera de convertir la paraula «espart», que identifiquem com a pròpia de la llengua comuna i d’un context popular, en una paraula poètica digna de l’àmbit literari. Una paraula que sembla rígida, dura, i que, tanmateix, pot contindre una gran càrrega evocadora.

 

En cuanto a la poesía de Miguel Hernández, se caracteriza (en coincidencia con la de su amigo Pablo Neruda) por elevar objetos cotidianos y vulgares a lo poético: «Oda a la Escoba», «Nanas de la Cebolla»… He aquí una cita del esparto: 

 

« Yo quisiera, quisiera,

yo quisiera ser campo,

la cabeza de almendra,

los cabellos de esparto,

el aliento de pinos,

los picos de sembrados,

el hablar de silencios

y de surcos los labios. »

 

En este romance heptasílabo endecha observamos la identificación total del poeta con la tierra, como si su ser se transformase en tierra, ese elemento al que Miguel Hernández se sentía tan ligado por su origen, su paisaje y en definitiva su ser. En esa identificación casi mística de su cuerpo y su espíritu con la naturaleza, en una preciosa metáfora, el esparto sería el cabello, debido al parecido físico entre los hilos de esparto y las hebras de cabello. Consigue el poeta que no nos resulte extraña esa imagen y que el esparto pierda su rigidez al convertirse en cabello, del mismo modo que se transforma en otra cosa en manos del artesano. 

 Si nos adentramos en la poesía de la segunda mitad del siglo XX, entre los poetas que citan el esparto destaca la figura de José Kozer, nacido en La Habana, en 1940. Poeta prolífico y traductor, vive en los Estados Unidos desde 1960. Y del Esparto la Invariabilidad (1983-2004) es el título de una antología de su poesía publicada en la editorial española «Visor». El editor describe su poesía como: «cargada de causticidad crítica y melancólica ternura». Vemos que aplica al esparto la cualidad de la invariabilidad, al ser un material resistente y durable. 

 María Victoria Atencia, poetisa malagueña (Málaga, 1931- ), cita el esparto en su poema Godiva en Blue Jeans, del que extraemos unos versos: 

 

« Saldré de pantalón vaquero

(hacia las nueve de la mañana),

blusa de long play y el cesto de esparto de Guadix

(aunque me araña a veces las rodillas).

Y luego, de vuelta del mercado,

repartiré en la casa amor y pan y fruta ».

 

Andalucía es una de las regiones donde todavía se conserva la artesanía del esparto, sobre todo en poblaciones concretas (en este caso, el granadino pueblo de Guadix). Aquí el esparto es utilizado en uno de los objetos cotidianos más habituales: el cesto. Observamos el detalle de que, al tratarse de un material algo tosco y sin tratar, dice la escritora que a veces le araña las rodillas cuando se lo pone encima.

 

 

El esparto nos va a permitir descubrir a jóvenes autores como Marta Marco Alario, nacida en Guadalajara en 1979, profesora de literatura en Alcalá de Henares. Empezó su carrera literaria con poesía. Tituló su primer poemario El Libro de los Estorninos (que recuerda inevitablemente a El Libro de los Gorriones, primer título que Bécquer pensó para sus Rimas). Su segundo libro fue de narrativa: Heredarás Esparto y otros Relatos; se publicó con prólogo de Valentín Martín y contiene cinco relatos. El primero de los cinco relatos es el que da título al libro: «Heredarás Esparto». El segundo, «El Camino de Tierra», obtuvo el «Premio de Relatos Cortos Ciudad de Sevilla» en 2017. En 2018, esta autora obtuvo el «Premio de Relatos Ciudad de Castellón».

Su segundo libro fue de narrativa: Heredarás Esparto y otros Relatos; se publicó con prólogo de Valentín Martín y contiene cinco relatos. El primero de los cinco relatos es el que da título al libro: «Heredarás Esparto». El segundo, «El Camino de Tierra», obtuvo el «Premio de Relatos Cortos Ciudad de Sevilla» en 2017. En 2018, esta autora obtuvo el «Premio de Relatos Ciudad de Castellón».

 

 Y seguimos con autores aún más jóvenes como Alejandro Maldonado, nacido en 1991. Su novela Días de Esparto cuenta cómo el suicidio de un vecino afecta una relación de pareja hasta llevarles a la ruptura. El esparto aquí simboliza la cuerda con la que el vecino aparece ahorcado. Esta novela está escrita en forma de monólogo del narrador que es también protagonista, alternado con diálogos en un estilo muy directo y realista. Alejandro Maldonado comenzó a escribir en 2002, pero no fue hasta 2007 cuando se volcó verdaderamente en la narrativa, escribiendo Días de Esparto entre 2007 y 2012. Ingeniero mecánico y estudiante de Filosofía, no ha dejado de compaginar su vida laboral con el mundo literario, siendo autor también de poemarios y relatos cortos, teñidos de crítica social. Ha publicado novelas como: Villa Umbría, Historias de Bar y otros Relatos, y los poemarios Diario del Tránsito y Baúl de Desván.

El Esparto en la Narrativa Alicantina Actual

Antonio Colomina Riquelme es el autor de un libro muy especial: Como la Seda y el Esparto. Memorias de un Zagal de la Posguerra. (Alicante, ECU 2017). Libro que completa la trilogía dedicada por el autor a Orihuela: Orihuela, Dulce Pueblo y Orihuela en mis Artículos. El autor también ha escrito una Breve Guía de Orihuela ilustrada, donde recoge monumentos y parajes naturales. Y finalmente otro libro titulado Orihuela: sus calles, sus plazas, sus gentes… 

 

Como la Seda y el Esparto nos presenta a Javier, un niño que nace en plena posguerra en el seno de una familia de clase media en Orihuela. Tiene una infancia feliz, pero al llegar a la adolescencia se va dando cuenta que en su pueblo no existe futuro laboral, ya que los puestos de trabajo mejor remunerados están reservados para los hijos de los señoritos. Decide marcharse a Madrid pero su ciudad natal la lleva en su corazón… Antonio Colomina relata el momento de la sociedad española en la que va discurriendo el personaje protagonista en las distintas épocas de su vida, desde la España de la posguerra hasta la actual y la futura.  

 

El prologuista, Julio Calvet, también cita el esparto en su prólogo cuando escribe: «No tienes, lector, ante ti, una historia más. Tienes un pálpito, un pedazo de corazón y una inmensa verdad del vivir, unas veces suave y otras áspera, como esos dos productos que tanto proliferan por mi tierra: la seda y el esparto. Donde vemos el uso del esparto con un valor metafórico y opuesto en antítesis, a la seda: el esparto es vegetal, la seda animal; el esparto es áspero, la seda es suave. Con eso se trata de simbolizar los distintos aspectos de la vida, con sus momentos alternativamente ásperos y suaves.  

El Esparto en la Poesía Contemporánea

José Miguel Molero Cid (Villa de don Fadrique, Toledo, 1958– ) es autor del libro Poemario. Abril y Esparto, con prólogo de Javier Lorenzo y fotografías de Rubén Gorde, cuya segunda edición apareció en 2016, lo cual resulta bastante inusual en un libro de poesía. El autor es «Premio internacional de Poesía de la Orden literaria» Francisco de Quevedo. Publicista y productor, ha intervenido en numerosos medios de comunicación. Se declara influenciado por la generación del 27 y por su trabajo como reportero libre en la guerra en Nicaragua. En este libro habla sobre el poder de la palabra llana. 

 

José Manuel Moreno García (Sevilla, 1973– ) usa el seudónimo de José Sansophia, que es un apócope de los nombres de sus hijos, Santiago y Sofía. Citamos aquí su libro Filosofía de Esparto, aparecido en la editorial «eMe cuadrad2» en 2017. Otros libros suyos son: La Vanidad del Ciempiés (2017), Los Espacios Desolados (2019), Cielo de Esmeril y Azucenas. Su último libro, Sendas de Caín (2019) editado en «Árbol de Lluvia», contiene doce poemarios que recogen toda su obra poética . 

 

En La Vanidad del Ciempiés hay una alusión al esparto, sin nombrarlo, al mencionar las «sandalias labriegas»: «Es un intervalo en el que suceden días de Sol, en estos poemas hay demasiado Sol, todo el que me trajiste con tus sandalias labriegas el día en que te conocí». Es una alusión metaliteraria a uno de sus versos: «Calza mi felicidad sandalias casi labriegas».

 

Juan Vicente Piqueras (nacido en la pequeña aldea valenciana Los Duques de Requena) es un poeta muy reconocido. Fue «Premio Loewe» en 1912. Trabaja como profesor de español en el «Instituto Cervantes´ y en otras instituciones. Cita el esparto, y en concreto la acción de trenzarlo, paso previo para la elaboración de cualquier objeto, en un poema en prosa de Padre (2016): «A sus 80 años mi padre se pasa el verano entero haciendo unas aguaderas o, dicho en su habla, enjargotando unas agüeras de pleita para el burro que quiere comprarse. A ver si me hago con un burro, dice mientras trenza el esparto. ¿Tú me podrías traer un burro de allá donde vives?, me pregunta» (2017: 28). El de Vicente Piqueras es un libro donde el apego a lo rural sólo aparece en la forma de nostalgia familiar, de añoranza del padre más que de la aldea.

  

El Esparto en los Libros del Siglo XXI

Tiempos de Esparto. Memoria gráfica. Cieza, Siglo XX es un libro de fotografías en varios volúmenes publicado en Cieza (Murcia). En 2002, apareció el primer volumen con prólogo del etnógrafo y antropólogo Francisco J. Flores Arroyuelo. En su presentación se recordaba la creación de un Museo del Esparto en la localidad en el año 2000. Dicho museo fue a más y en 2013 se inauguró el Centro de Interpretación del Esparto y su Industria con el apoyo de fondos FEDER de la Unión Europea. 

 

Se han redactado numerosas tesis y trabajos sobre el esparto. Podemos citar el trabajo de fin de máster de Lorena Martínez: Huellas del Esparto, que se presentó en la Universidad de Valencia en 2015 y se convirtió en una exitosa exposición en 2017. Este trabajo recuerda el fin de la era del esparto en Cieza en los años noventa del siglo pasado al ser sustituido por las fibras sintéticas. 

 

Empezamos con unas citas literarias y terminamos con otras de la extraordinaria novela histórica de María Luisa Gil, Los Nombres de Idrissi (Crevillent / 2018). En el primer capítulo ya aparece: una mecedora de cabuya (siendo la cabuya una cuerda delgada, tejida generalmente de esparto). Y la siguiente frase: «Las paredes estaban desnudas y el único detalle que resultaba inusual allí era una gran estera de esparto a modo de alfombra». 

 

Más adelante escribe: «En Crevillent el esparto fue siempre muy abundante, se recolectaba, con cuidado, en los meses de julio y agosto, se dejaba secar al sol durante unos cuarenta días más o menos; una vez curado se podía trabajar crudo o picado, en los dos casos se maceraba en unas balsas con agua. Se hacían trabajos muy bonitos. Yo te enseñé a hacer una especie de trenza y luego confeccionamos un capazo. Eso era la pleita. (….) Nosotros trabajábamos tanto la estera de esparto como la de junco, «la fina». Las de esparto, una vez hecho el trenzado a mano se cosían en el suelo con unas agujas especiales, que se llamaban almaradas, tenían la punta curva y solían comprarse a un vendedor, con un nombre muy raro que venía de vez en cuando. (….) Las esteras finas, las de junco, eran muy bonitas. El junquillo se traía de las aguas pantanosas del Almarjal, se limpiaban bien y se sumergían en agua caliente y azufre para que se blanquearan, después se dejaban secar al sol. Se tintaban y finalmente se tejían en telares. Eran muy apreciadas, y la verdad es que tenían unos dibujos y un colorido muy bonitos».